Posteado por: trapote | 07/07/2011

Un millar de árboles buscan padrinos


noticia original: http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=617199

Dos iniciativas, una pública en el Bierzo y otra privada en el Órbigo, alientan la adopción de árboles como recurso económico sostenible y como disfrute de experiencias en el campo para urbanitas 

06/07/2011 ana gaitero | león 

José Alonso en la finca de Villoria de Órbigo. Los cerezos, protegidos para evitar los pájaros.. jesús f. salvadores

Volver a la tierra es posible sin tener casa o huerto en un pueblo. Dos iniciativas, una pública en Balboa, la puerta de los Ancares, y otra privada, en Villoria de Órbigo, ponen al alcance de la mano el contacto real con la naturaleza mediante la adopción de árboles.

El Ayuntamiento de Balboa ha creado un banco de castaños para poner fin al abandono de soutos milenarios por culpa de la despoblación y del envejecimiento del mundo rural. «Hemos reunido siete hectáreas de castaños, con unos 250 árboles, y buscamos personas que se comprometan a limpiarlos al menos una vez al año. A cambio podrán recoger sus frutos», explica el alcalde, José Manuel Gutiérrez Monteserín.

En el Bierzo hay 20.000 hectáreas de castaño, lo que representa el 50% de la superficie de esta especie en Castilla y León. Es, además, el cultivo más extendido desde tiempo inmemorial de la comarca del Bierzo.

Pero, como apunta la Asociación A Morteira en su estudio sobre el castaño, «el progresivo abandono del medio rural, las enfermedades y la falta de perspectivas económicas están haciendo desaparecer los bosques de castaños, los soutos ». De hecho, se contabilizan casi 6.000 hectáreas de castaño semiabandonadas y otras 5.000 abandonadas.

Resolver este problema por la vía del mercado y la producción se presenta como algo «muy complicado» para los expertos. La conservación de los soutos, mantienen, pasa por su valoración como elementos patrimoniales; la Asociación de Agricultores Bercianos confía en la castaña como un «revulsivo económico» para la comarca.

Para facilitar las primeras adopciones, el Ayuntamiento de Balboa entrega el soto limpio el primer año. A partir de ese momento, son las madrinas y los padrinos quienes se tienen que ocupar de la limpieza del castaño. La adopción es «un camino válido para ayuntamientos con pocos recursos» y también una forma de difundir entre la población «urbanita» la cultura de la tierra, apunta el coordinador de la Casa de las Gentes de Balboa, Pepe Alonso.

Casi en el otro extremo de la provincia y en una de las zonas de regadío más prósperas de la provincia, el Ecohuerto de Villoria de Órbigo ofrece la adopción de 700 cerezos y ciruelos en una finca cuya plantación data de hace cinco años. El promotor, José Alonso, es «hijo» del campo aunque en los últimos diez años se había dedicado a trabajar como cuidador en una residencia. Este es el primer año que los cerezos dan «fruta de verdad». Los ciruelos fueron más madrugadores. «El primer año celebramos la floración con el domingo tortillero», recuerda.

El objetivo de las adopciones es garantizar la compra de una parte de la producción anual desde el punto de vista económico y dar la oportunidad a las personas adoptantes de disfrutar recogiendo su propia fruta.

A cambio de 250 euros el adoptante tiene derecho a la producción de un árbol, que ahora se estima en diez kilos de cerezas o ciruelas. La finca tiene 2,5 hectáreas y 700 frutales. El objetivo de este proyecto empresarial es tener «un adoptante por árbol». De momento medio centenar de personas, la mayoría de León capital, participan en la experiencia. «Tebenos el 20% de la producción vendida y cobrada», apunta Alonso.

«El apadrinamiento es un sistema idóneo para las personas de la ciudad, donde es muy difícil tener un huerto propio», explica Tello González, quien se entusiasmó con la iniciativa porque «estoy inválido, yo no lo podría cultivar y aquí tengo la posibilidad de disfrutarlo». Se lleva la fruta y la comparte con la gente de la residencia.

El laboreo de la finca es mínimo y está adaptado al reglamento de agricultura ecológica. Cada año es supervisada por la Junta para mantener el sello ecológico. «No uso herbicidas, ni insecticidas ni abonos químicos», recalca Alonso.

Los adoptantes se llevan la fruta «en el momento óptimo de maduración», una ventaja para el paladar, y toman conciencia de que «un árbol es todo un ecosistema, nunca está solo».

 

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