Posteado por: trapote | 20/10/2009

“PUEBLOS” por Ignacio Francia


“PUEBLOS” por Ignacio Francia

Publicado en el Norte de Castilla (19-10-2010)

 

«Ya no hay chavales que vayan ‘de nidos’, como hacíamos nosotros»

 

Braña de Cueto Nidio en Laciana

Braña de Cueto Nidio en Laciana

 

He vuelto a mi pueblo. Un mes después de la visita anterior, aquello es aún más desastre, como anunciaba por el camino lo que se contemplaba en los prados, en las besanas. En los pueblos, ya no inquieta tanto ‘la crisis’ como el desastre que origina la falta de lluvia. A todos los problemas económicos derivados de la coyuntura se ha venido a sumar la desolación de los fondos de las charcas cuarteados, terreno sin un brote de yerba para el ganado, sin un tallo que se presienta en los surcos de la sementera. Las vacas sólo meten el diente en la hilera de paja reseca que les arrojan desde el tractor, en el poco ramón que se pueda cortar de los árboles, las ovejas apuran los zarzales. Si es cierto que en el campo siempre hay problemas por unas razones o por otras, resulta que ahora ya no se trata de ‘problemas’, sino de un problema específico: cómo poder subsistir. Las gentes del ámbito rural están acosados, incluso más, por las mismas situaciones que agobian a otros empresarios, a otros autónomos, a otros asalariados, sólo que encima al sector se le ha despeñado encima la falta de la vida imprescindible que supone el agua para garantizar poder seguir -aunque sólo sea eso- malviviendo. A las gentes de la ciudad les cuesta entender que ‘los del campo’ se quejen cuando llueve mal y en exceso y maldigan cuando falta la lluvia.

Pero es un oficio donde mirar al cielo -y qué mal trata el cielo a esa gente- es decisivo, aparte de hacer frente a un trabajo del que escapamos todos.

Mirar al cielo, ahora, es un ansia que agosta el alma. Pero volver a mi pueblo, sin yerba en los prados y sin tallos en los surcos, supone toparse con la desolación de un núcleo rural muerto. Cada mes, cuando regreso, aquel pueblo, que fue ‘grande’, es un muestrario de cómo la vida de gentes mayores no se ha ido sustituyendo por vidas de renuevo. Ya no hay chavales que vayan ‘de nidos’, como hacíamos nosotros; ya no hay chavalas que salten a la comba.

Había una boda de relumbrón en mi pueblo. Pero el novio y la novia no residen en el lugar.., están -como casi todos- «por ahí». Y he recordado cómo fechas atrás los periódicos nos han ido dando cuenta de que ya es destacable cómo fundamentalmente se han ido de los pueblos las mujeres (‘Rural, masculino y singular’, tituló EL NORTE), porque están mejor preparadas y no quieren hundirse al ritmo de esos núcleos rurales sin perspectiva, donde dominan los mayores. En mi pueblo, con dos residencias, no hay plazas para cubrir la demanda.

Menos mal que, al escribir, he metido en el ordenador música relajante. Pero me subleva la realidad de tanto golfante político -qué cosas estamos viendo, cielos-, de tanta penuria de quienes precisamente menos se quejan. Incluso de tanta hierba que no crece ni siquiera con el regadío de la babilla de los morros de las vacas que rascan y rascan la tierra en busca de un troncón que ya trataron de morder ayer.

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